La dualidad de las crisis de identidad: ¿priorizo encontrarme a mi mismo o estar ahí para los demás?

¿Por qué estamos aquí? ¿Qué se supone que debemos hacer con nuestra vida? ¿Cuál es nuestro propósito? Estas preguntas profundas arden en muchos de nosotros actualmente. El deseo de nuestras almas es llevar una vida plena que tenga sentido.

Pero, ¿qué pasa si te sientes culpable de intentar dar respuesta a estas preguntas? Porque en la mayoría de casos no sirve cambiar nuestras circunstancias. Se requiere un re-descubrimiento de uno mismo.

Vivimos en un mundo que hemos dualizado, con polaridades en cada aspecto de la vida. Hasta cierto punto parece obvio que existe un polo positivo y un polo negativo, un extremo a un lado y otro extremo al otro lado. Por ejemplo, el bien y el mal, lo material y lo espiritual, la pobreza y la riqueza, el frío y el calor, personalidades introvertidas y extrovertidas…

Pero a menudo olvidamos que son extremos o polos de un mismo espectro, un continuum que pasa por todas las tonalidades y grados entre un polo y el otro. Y es necesario saber en qué punto del espectro nos encontramos y hacia qué extremo queremos ir.

El deseo de nuestras almas es llevar una vida plena que tenga sentido.

Una de estas dualidades (aparentemente contradictoria) que me está ocupando últimamente es la dualidad entre la necesidad de ocuparme de mi mismo para saber quién hay detrás de la máscara de personalidad, miedos e inseguridades y cuál es mi papel en esta fase de mi vida, en supuesta oposición a ponerme directamente al servicio de los demás y ayudar sin prestarme tanta atención a mi mismo.

Como he dicho al inicio de este texto, este es un tema que cada vez está más presente en nuestra sociedad a medida que vamos “despertando” y haciéndonos más conscientes. Cada vez más y más personas entran en la “crisis de los 30 años” o la “crisis de los 40” porque se dan cuenta de que lo que nos habían “vendido” como estrategia para ser felices, no funciona. El tener una carrera, un trabajo fijo, casarse y tener 2 hijos, comprarse una casa y un coche ya no nos basta. Ya no nos llena. 

Esto nos está llevando a volver a tener curiosidad por el sentido de la vida, a apuntarnos a cursos y talleres de crecimiento personal, de mejoramiento de la salud a nivel holístico, o sentimos un deseo profundo de cambiar de profesión, por mencionar solo algunos ejemplos.

Algunos llevamos ya muchos años en este proceso y puede llegar el momento donde pienses: “¿estoy siendo egoísta al ocuparme y dedicar tanto tiempo, dinero o energía en encontrar mi esencia, mi propósito, mi lugar? ¿Sería más práctico ponerme a servir y ayudar a los demás para olvidarme de mis problemas y preocupaciones? ¿Estoy perjudicando a mi familia al ocuparme de estar bien conmigo mismo para poder estar bien y presente con ellos, en lugar de intentar estar presente con ellos y olvidarme de mi?

No sé si algo de esto resuena contigo, pero es la situación en la que me encuentro yo. Y es que a veces llega un momento en el que sentimos esa necesidad de recuperar nuestro propio poder desde la libertad de elegir nuestro camino sabiendo quienes somos y qué hemos venido a hacer.

Polaridad A: “Primero me encargo de mi mismo para poder dar lo que soy”

Hablemos bravemente sobre este extremo de la polaridad. El ejemplo más habitual que nos viene a la mente y que confirmaría que es correcto seguir este camino es que cuando estamos en un avión siempre nos dicen: “en caso de despresurización en la cabina del avión colóquense la mascarilla de oxígeno primero a sí mismos y luego a sus niños”. El motivo es que si tu estás bien y seguro podrás ayudar a los demás. Sinó no.

Pero esto se remonta incluso a 2000 años atrás, donde encontramos el ejemplo de Jesús diciéndonos: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Lo que estaba expresando ahí es que primero debemos amarnos a nosotros mismos para poder amar a los demás. No podemos dar lo que no tenemos, lo que no somos. 

Imagina la situación actual, con tanta gente con falta de amor a sí mismo, inseguridad, falta de auto-estima. Si en esta situación hacemos caso a lo que dijo Jesús, con lo poco que nos amamos a nosotros mismos (amor verdadero, no amor narcisista o del ego), podremos amar igual de poco a nuestro prójimo, ya que tenemos que amarles como a nosotros mismos.

En el mundo del desarrollo personal he leído muchísimas veces frases que corroboran este ocuparse de uno mismo primero para poder dar. En este caso tiene sentido porque muchos viven de ello y les conviene que nos dediquemos a nosotros mismos. Pero se nota cuando uno lo dice de corazón, de manera altruista con el deseo que ayudar, en contraposición de los que lo dicen para vender más. Nuestro detector interno de posibles vende-humos nos suele avisar con alguna intuición. 

La principal teoría defendiendo esta manera de ver la realidad es que no podemos dar lo que no tenemos o no somos. Si estamos vacíos poco vamos a poder ofrecer a los demás. Si no hay amor hacia nosotros mismos poco amor podremos sentir hacia los demás. Si estamos sin energía porque estamos continuamente dando, no tendremos energía para dar por mucho tiempo (especialmente cierto en personas altamente sensibles, introvertidos…)

Podría mencionar decenas de expertos especializados en diferentes temas apoyando esta postura. Pero los mayores expertos somos nosotros mismos. Como dice Borja Vilaseca, llega un momento en que tenemos que “desterrar” a nuestros referentes, incluyendo a nuestros padres, y empezar a ser nuestro propio referente, encontrar nuestra verdad. Y en mi caso, siento mucha verdad tras esta manera de ver la realidad. Que cada uno mire cómo se siente al respecto para conocer su verdad.

Polaridad B: “Servir a los demás para olvidarte de tus problemas y ser feliz”

En el otro extremo de esta dualidad encontramos la postura aparentemente más servicial, altruista o incluso más espiritual. Y en este caso también podríamos remontarnos a las palabras de Jesús con aquello de “Dar antes de recibir”. (Vaya, puede parecer un discurso católico por estos dos ejemplos, pero nada más lejos de mis intenciones. Solo pongo esos dos ejemplos porque son frases incrustradas en nuestra consciencia colectiva de tantas veces que se han usado, y porque creamos o no en la religión, Jesús, al igual que los demás Maestros espirituales fue un ejemplo de cómo llegar a ser seres conscientes en armonía con todo y todos)

Pues eso, que si nos enfocamos en dar, en servir a los demás en aquello que necesiten, se supone que nos olvidaremos de nuestros problemas, dudas, miedos y deseos y seremos por ello más felices. 

Otra frase que apoya esta postura sería una proveniente precisamente del campo del desarrollo personal o mejor dicho de la metafísica: “creamos y atraemos aquello en lo que ponemos nuestra atención constante”. Somos energía y vibramos a una cierta frecuencia en cada momento según nuestros pensamientos y sentimientos. Por lo tanto, si ponemos nuestra atención en lo que nos falta, ya sea material, emocional, mental, o en problemas, conflictos, etc. atraeremos más de eso en nuestra vida, por similitud de frecuencias de vibración. Estaremos vibrando justo en la misma frecuencia energética que esas situaciones que no queremos y por lo tanto las atraeremos. 

Es como sintonizar la radio a la frecuencia de la emisora que queremos escuchar. Si queremos escuchar otra emisora, hay que cambiar la frecuencia. Si queremos crear y atraer otras cosas a nuestra vida, tenemos que cambiar de frecuencia vibracional. (Spoiler: la televisión nos lleva constantemente a esas frecuencias en las que atraemos y generamos lo que no queremos en nuestra vida ;-))

Así, si ponemos toda nuestra atención en “arreglarnos” a nosotros mismos podríamos entrar en un loop infinito de atraer más situaciones y pensamientos que nos hagan querer “arreglarnos”. Por el contrario, si ponemos nuestro foco en dar a los demás, atraeremos más situaciones donde poder dar, servir y estar ahí para ellos, presente en el momento actual. 

Como dice mi sabia mujer: si interactuamos con la vida y las personas, esas relaciones y situaciones nos reflejan aspectos nuestros que también nos permiten conocernos a nosotros mismos, sin tener que ir mucho a la introspección, al autoconocimiento.

La paradoja, al menos para mí, es que esta opción también tiene todo el sentido del mundo. Y aquí es donde empezamos a unificar dualidades. ¿Y si los dos polos son realidades posibles, correctos o apropiados? ¿Puede ser que a alguien le funcione mejor una de estas dos perspectivas y a otro mejor la otra perspectiva? ¿Podemos encontrar un punto medio donde unificar ambas realidades?

Creo que nuestra labor para esta época es unificar las dualidades, entender que estamos en un cierto punto del espectro según nuestro grado de consciencia y que podemos ir creciendo y evolucionando hacia el polo deseado, aceptando que es posible que siempre exista el polo no deseado.

¡Se abre el debate! A ver si entre todos podemos aprender maneras de unificar esta dualidad. 

¿Sientes como más verdadera alguna de estas dos posturas? ¿Cuál? ¿Has encontrado alguna manera de integrarlas? ¿Hacia dónde apunta nuestro compás interior?

Si lo compartes en los comentarios podemos ir aprendiendo de las realidades y experiencias de otros y así evolucionar todos como sociedad. ¡Mil gracias!

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