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Era perfecto hasta que me creí estas mentiras

Era perfecto cuando escuchaba con atención en lugar de hablar sin ton ni son, y llegué a creerme la mentira de que algo en mí estaba mal, que lo “normal” y “correcto” es tener siempre algo que decir.

Era perfecto cuando no me interesaba o no estaba preparado todavía para escribir redacciones en el colegio, y me llegué a creer la mentira de que algo me faltaba, que no era creativo, que no era inteligente.

Era perfecto cuando demostraba compasión incondicional por compañeros de clase de los que abusaban o se reían, y me llegué a creer la mentira de que para pertenecer al grupo hay que estar en el lado de los “guays”.

Era perfecto cuando intenté defender a un compañero al que estaban pegando injustamente y por ello acabé recibiendo yo, y me llegué a creer la mentira de que es mejor mantenerse aparte y seguro que arriesgarse por defender a alguien.

Era perfecto cuando abrí mi corazón a la persona de la que estaba enamorado y mis sentimientos no fueron correspondidos, y me llegué a creer la mentira de que necesitaba el amor de esa persona para poder sentir yo el amor y ser feliz.

Era perfecto cuando mi intuición me decía que mi lugar no estaba en el trabajo que iba a empezar al terminar la universidad, y me llegué a creer la mentira de que en esta vida hay que hacer cosas porque la sociedad lo dice o es “lo que toca”.

Un par de décadas más tarde, de búsqueda y desarrollo personal me han llevado al punto de partida, cerrando el círculo, viendo que lo que muchos se pasan años buscando mediante el desarrollo personal yo, por suerte o por destino, ya lo traía de fábrica: Compasión, Empatía, Armonía y Paz interior, Escucha sincera, Sentido de la Justicia. Pero como distaba mucho de lo aceptado socialmente como “normal” o “guay”, traté de esconderlo llegando casi a apagarse la luz de esa vela. Por suerte, la llama no se apagó del todo y ahora sé que quiero volver a ser quien era, quien SOY.

Y ya que he dado esta vuelta tan grande para llegar aquí, que mejor que agradecer todas esas situaciones, personas y creencias, porque de no haber sido por ellas sería quien soy de manera inconsciente, automática y ahora puedo ser quien soy pero siendo consciente de ello. ¡Gran diferencia!

Carleando es la activación de mi nombre como símbolo de la activación de mi ser, y en plan de humor para no darle tanta seriedad al asunto. Es decir, cuando estoy carleando, estoy siendo yo, estoy haciendo las cosas que me gustan (aunque sean “raras” para algunos), estoy siendo quien he venido a ser a este mundo.

Te invito a reflexionar sobre las mentiras que te has creído que te han apartado de ti mismo y a activar tu nombre en representación de la re-activación de quien eres, de lo que te gusta, de lo que te mueve. 

Si te sientes movido a hacerlo, comparte en los comentarios alguna de esas mentiras, también llamadas creencias, que te creíste y si vas a volver a estar Juaneando, Andresando, Silvianando, Aneando, Joaquineando o la manera que se te ocurra de expresar con tu nombre que estás siendo quien eres.

P.S.: supongo que no hace falta que explique que cuando digo «perfecto» me refiero a que no tenía por qué cambiar nada de mi ser, aunque tuviera imperfecciones como todo el mundo.

P.S.2: Carleando en esta web no tiene nada que ver con el significado del diccionario de esa palabra, sinó con el hecho de tratar mi nombre «Carlos» como si fuera un verbo y pasarlo a la acción.